Hay razones de
peso y de dinero, si también tiene esto
que ver con el “vil metal” y porque no decirlo de viejos fantasmas del pasado,
que como antaño me siguen dando mucho miedo. De ahí que hoy salga del “armario” y desvele
un secreto que solo conocen mis más allegados. A mi este hecho que hoy voy a
desvelar, dejo de avergonzarme hace ya mucho tiempo y si lo traigo a colación
es porque las cosas están como están. El panorama político es un continuo
disparate y algunos pretenden volver a un pasado en el que a muchos inocentes nos las hicieron pasar canutas. Y por último y
para cerrar este preámbulo, si existe la más ínfima posibilidad de que lo que
dicen esos carteles sea cierto, mi pensión de jubilación se vería multiplicada
por cuatro. Porque si, yo también soy una MENA-MEONA
Aquí va mi historia…
Yo me hice pis
en la cama hasta los doce años. La
vergüenza y el miedo que pasaba cuando despertaba empapada de mis propias aguas ( las regañinas de mi madre
eran monumentales, < no teníamos lavadora> y el lavar unas sabanas
extra a mano ,ya os podéis imaginar la gracia que le hacía a mi
señora madre. Si a eso le añadimos como ella decía que iba a pudrir el colchón, se puede justificar
perfectamente la bronca que mi madre me endiñaba.
Pero esa
vergüenza y miedo no fue nada comparado
con la angustia y miedo que pase
los tres años siguientes después de cumplir los doce años.
Me internaron
en un colegio de Auxilio Social (no porque me meara en la cama). Las razones y
circunstancias de mi internamiento fueron otras, en las que no voy a entrar ahora, porque no
vienen a cuento o al menos no en este cuento.
Mis padres, fueron padres amorosos, nunca fueron crueles ni maltrataron a ningún
de los hermanos. Si bien algún
azote en el culo y zapatillazo si que nos cayo cuando hacíamos alguna
trastada o nos peleábamos entre nosotros, esto último era lo que a mi madre mas le sacaba de quicio.
Con su zapatilla sobre nuestras
posaderas y marcando el compás como si de un tambor se tratara nos decía: No hay nada mas feo ni peor que los hermanos se peguen
entre ellos y añadía: Los hermanos deben
quererse, apoyarse y respetarse en todas
las circunstancias de la vida por difíciles que estas sean. Con los años comprendí que la guerra fratricida que
aconteció siendo ella una niña, debió de marcarla mucho y de ahí que
no quisiera que se repitiera esa tragedia. Por seguir un poco o un mucho, con la filosofía y vivencias pre-internamiento, continuo… La amenaza de que si llegábamos a cometer alguna
trastada que rozara el delito, en palabras de mi madre: No me van a doler
prendas en meteros en un correccional para que os metan en vereda.: Mi madre era
muy de refranes, frases hechas y
sentencias y ya que me he desviado un poco del tema de las meadas aprovecho
para recordar algunas, que no sé porque razón se me vienen ahora a la
cabeza, aunque tal vez si sé porque las recuerdo: Están tan de actualidad que… “Antes se coge a un
mentiroso que aún cojo” “Piensa el ladrón que
todos son de su condición” Y por último la sentencia “Si os pillo robando os corto las manos”. Si me he
extendido en lo anteriormente expuesto es para señalar, que en mi casa, como en
el resto de las casas de mis compañeras de internado, se nos había educado, en:
la sinceridad, en la honradez, en el
respeto a los demás. Vamos que nuestros padres no eran narcotraficantes, ni
delincuentes de ningún tipo, eran-son gente de bien, y si algún delito se les
pudiera- se les puede imputar es no tener los suficientes recursos para
mantener a los hijos en el hogar familiar.
Continuo hablando del internado…Con la llegada
de la democracia pasó a depender de la Diputación Provincial de Madrid una vez
extinto el Auxilio Social, para una vez desaparecida la Diputación Provincial,
sus competencias pasaran a la Comunidad
de Madrid competencias que sigue teniendo, esta nuestra Comunidad. El lugar donde se ubica sigue siendo el
mismo, en el barrio de Hortaleza y creo
que el propósito del centro es el mismo, aunque ahora hay también hay varones. <Si
me extiendo a la hora de aportar datos
es para que se tenga claro que este relato no es producto de mi
imaginación>. Esto esta basado en hechos vividos por mí. Podría aportar la
experiencia de ir con Sor Emérita, la
encargada de las compras en aquella época, al mercado de Legazpi y verla
regatear con los fruteros mayoristas y
quejarse de la asignación tan escueta que tenía por niña y los encajes de bolillos que había que hacer
para darnos de comer y vestirnos.
Prosigo: En el Isabel Clara
Eugenia,< no sé si se sigue llamando
así> estábamos internas, niñas pobres de necesidad o de pedir, por usar una
expresión que se utilizaba antes, o por utilizar una expresión que se utiliza
ahora en riesgo de pobreza extrema y o desamparo. Niñas que o no teníamos familia, o esta no se
podía hacer cargo de nosotras. Y el único delito que habíamos cometido ( excepto
las meonas claro) era ser pobres. Aunque algunos vecinos de Hortaleza nos veían
como “carne de correccional” o “chicas echadas
a perder” ¿ Os suena esto verdad?. <Todavía hay individuos a los que los
pobres les damos miedo>. No voy a dar mas detalles pues esto se alargaría
demasiado.
Voy terminando con… El trato que se les daba a las meonas,* yo
afortunadamente no me mee en la en la
cama en los tres cursos que pase allí, pero el miedo a despertar mojada lo tuve durante cada uno de los días de los
tres años que allí pasé. Por nada del mundo quería pasar por el suplicio que pasaron
ellas. Ni las
chivatas, ni las guarras, lo peor de lo peor eran las meonas. Se les obligaba a ir todo el día con la sabana
colgada como si fuera un Sambenito para que cumplieran penitencia por su "pecado” y
sufrieran el escarnio de todo el internado, monjas, alumnas y una servidora incluida…**.
No sé quien dijo: “el silencio te
hace cómplice”, pues bien, yo fui cómplice
de un delito durante tres años, de escarnio, discriminación y vejación para con
algunas de mis iguales.
Hoy como buena Meona-Mena, me
mojo.
¡Basta ya de mentir!.¡ Basta ya! de criminalizar
a inocentes, a los que por otra parte tenemos- debemos la obligación legal y moral de cuidar y proteger.
Y basta de una puñetera vez de
sembrar odio, porque eso se puede volver contra vosotros.Yo sin ir mas lejos os tengo una tirria que no os podéis imaginar.
*Hasta
el día de hoy ni mis compañeras de
internado, ni las monjas eran conocedoras de mi secreto
**La primera vez que vi a una
meona con la sabana a cuestas le pregunte a una compañera la razón de que
llevara la sabana a modo de capa y la
respuesta fue: Es una meona, ( a mi me sonó
a: es Jack el destripador) y añadió no vayas con ella.